Bizcocho de yogurt, del rico, del de toda la vida (pero un poco más light)

¡El mundo de las dietas es loco! 🙂 Siempre me pasa lo mismo ¿Qué desayunas cuando estás a dieta?  Es una pregunta difícil porque te pones a buscar por internet y salen muchas opciones, pero todas te acaban cansando porque no nos engañemos, al cabo de unos días quieres cambiar el sabor a hierbajo.

He probado desde las galletas integrales sin azúcar, pasando por el pan integral y terminando por las gachas de avena. Pero nada está tan rico como el bizcocho de mamá, así que como en la variedad está la felicidad me he plantado el delantal y a experimentar! (toma pareado)

Después de un ratito calculando medidas y cruzando los dedos para que no me quedara más seco que la mojama, me ha salido el “Bizcocho de yogurt, del rico, del de toda la vida” pero quitando el azúcar y metiendo harina integral (por aquello del índice glucémico).

Ingredientes:

Para hacerlo más fácil todavía, porque no me digáis que no es un rollazo andar pesando harina que al final acabas rebozada, las medidas son con el vasito de yogurt (abuela style)

  • 1 Yogurt de limón (yo usé marca vitalínea)
  • 3 huevos
  • 1 medida de yogurt de Sirope de Ágave (no lo llenéis hasta arriba del todo para que no quede empalagoso). También lo podéis sustituir por edulcorante líquido, pero tendríais que calcular la medida porque no he probado…
  • 2 cucharadas de aceite de oliva colmaditas (flipo, porque en la receta original es una medida entera de yogurt y os aseguro que no queda nada seco!)
  • 1 sobre de levadura royal
  • 2 medidas de yogurt de harina integral (yo uso la del mercadona)
  • 1 medida de yogurt de harina de trigo normal (para que no quede muy mazacote, el próximo día probaré a hacerlo todo integral pero seguramente habrá que recalcular las medidas)

Y manos a la obra:

  1. Precalentar el horno a 180ºC. Yo lo puse en función aire. Si no lo tenéis podéis poner arriba y abajo, pero poned el bizcocho abajo que se quema!
  2. Mezclar con la batidora los ingredientes líquidos (el yogurt, los huevos, el sirope y el aceite) hasta que se incorpore todo bien.
  3. Incluir la harina y la levadura. Darle bien con la batidora hasta que se disuelva porque anda que no da asco encontrarse un grumito desayunando…
  4. Engrasa el molde y vuelca la mezcla.

Yo lo tuve 20 minutos, pero ya sabéis… tienes que meter un cuchillito y cuando salga limpio ya se puede sacar del horno.

Y este es el increiblemente maravilloso y riquísimo resultado:

Ay que te como!

¡Ay que te como!

Hacedlo y me contáis, pero cuidado porque está tan rico que os lo vais a querer comer entero… y así pues da un poco igual que sea integral 😉

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Índice Glucémico (IG), maldito seas.

Hola corazones. Hoy en Good Eating de Invierno la primera clase sobre nutrición de la temporada.

Hay días que llego a casa con una sensación de ansiedad que os juro que me dan ganas de bajar al chino de abajo y arrasar con los donetes, las palomitas dulces y los regalices. Son esos momentos en que abres el armario de la cocina DESESPERADA en busca de inspiración para crear ese dulce que no engorde, esté rico y además te haga multimillonaria cuando vendas la idea a Bimbo.

En esos momentos lo intentas todo. Pruebas con las galletas integrales sin azúcar que te has comprado, pero que no nos engañemos, están para tirarlas contra la pared y emborracharnos en su entierro. Comes fruta, cereales, una infusión… pero nada sacia tu hambre de chocolate y grasas poliinsaturadas.

¿A qué no sabéis a qué se debe esa desesperación por lo prohibido? Al maldito, asqueroso y odioso… Índice Glucémico (IG)

Nuestro gran amigo el IG nos dice cómo de rápido vamos a absorber los azúcares de ese donut que nos acabamos de comer, y lo más importante, cómo de rápido pasan a la sangre.

¿Que por qué es importante cómo de rápido pasen los azúcares a la sangre? Muy fácil.

Cuando comemos, todos los nutrientes que van en la comida se absorben en nuestro intestino: aminoácidos, ácidos grasos, glúcidos, vitaminas… de ahí pasan a la sangre, y nuestro cuerpo que es muy sabio, los utiliza todos y cada uno de ellos. No desperdicia nada (Hello lorza)

Los glúcidos (azúcares) se procesan gracias a la archiconocida insulina. Cuando nuestro cuerpo detecta un pico de azúcar en sangre hace que nuestro páncreas secrete un puñao de insulina, para que ese azúcar se vaya a los distintos tejidos de nuestro cuerpo:

  • En el hígado y en el tejido muscular se almacena en forma de glucógeno, que es la manera que tiene nuestro cuerpo de guardar la glucosa para momentos de emergencia.
  • En el tejido adiposo (las lorcillas para los amigos), la mezcla explosiva de glucosa e insulina hace que se acumule un montón de grasa y ese donut sea el culpable de que no te entren los vaqueros.

Pues amig@s mi@s, sabed que la insulina es super eficiente. Más efectiva que esa noche antes del examen en la que te aprendes los 4 temas que te faltaban. Elimina rapidísimamente el azúcar de la sangre, y además elimina más del que nos habíamos comido, lo que hace que tu cuerpo entre en alerta por falta de azúcar, nos de un bajón que te cagas y querramos arrasar con la nevera.

Por eso es muy importante la rapidez con la que se absorba la glucosa en nuestro cuerpo: cuanto más rápido te de el subidón en sangre, más insulina se va a liberar y también peor será el posterior bajón y ansiedad.

Después de este coñazo metabólico que os acabo de soltar… ¿Cómo saber qué alimentos liberan más rápidamente el azúcar que otros? Con el índice glucémico.

El índice glucémico se mide de 0-100. Lógicamente el 0 es maravilloso y el 100 la ansiedad absoluta. En internet tenéis miles de tablas y páginas web dónde os dicen el índice glucémico de todos los alimentos que os imaginéis, así cuando tengáis dudas no tenéis más que teclear.

Os voy a poner algunos ejemplos de alimentos con pocas calorías pero que tienen un IG alto:

  • Patata cocida: 100 g de patata cocida sólo tiene 80 Kcal, es maravilloso! porque anda que no están buenas y encima engordan poquísimo! Tienen un IG de 70.
  • Melón: El melón fresquito en verano está buenísimo. Es una de mis frutas favoritas, además tiene 30 Kcal por 100 gr, pero un IG de 67. Ojo! esto no significa que no sea bueno, su carga glucémica es muy baja y ya os contaré por qué esto es bueno 🙂

Dicho esto, una conclusión. No porque el IG de un alimento sea alto tiene que estar prohibido. Las calorías que nos aportan los alimentos del ejemplo de arriba son pocas y en una dieta equilibrada tienen que estar presentes, pero si tienes problemas de ansiedad (como una servidora) puedes contrarrestarlo añadiendo proteína a las comidas, haciendo deporte o simplemente reduciendo las cantidades.

Conejo agridulce

Cuando tenía 16 o 17 años mi madre y yo no podíamos estar en la misma habitación más de 3 minutos sin que acabásemos gritando y echando pestes por nuestra preciosa boquita, bendita adolescencia…Quién me iba a decir a mi que al irme de casa no podría vivir sin ella.

Soy un poco pesada, todos los días la llamo para contarla cualquier tontería que me ha pasado: “-Mamá que fuerte! hoy he echado gasolina a 0,99, ¡cómo cuando me saqué el carnet! ha sido como volver a tener granos por toda la cara. -María son las 7 de la mañana, que estaba durmiendo…”

A veces pienso que no me quiere, porque pasa un poco de mi, pero luego voy a mi casa a comer y me encuentro con una montaña de tupers, o con que me ha comprado unas zapatillas para cuando vaya a verles a casa, y me doy cuenta que si me quiere pero que se hace la dura (es que es de San Blas ¿sabéis?)

Pues el sábado nos llamaron para que fuésemos a comer, que había hecho un arroz con bogavante digno de los dioses del Olimpo, y claro con lo fan que soy yo del arroz, no podíamos decir que no. A la vuelta tenía una bolsa del mercadona llena de tupers de comida salvavidas, una barra de pan, huevos de pueblo y una caja de quesitos light de esos que quieren parecerse al queso azul pero saben a polvos. Todo amor.

Entre la montaña de tarteras del ikea encontré esta maravilla: Conejo agridulce, y está tan riquísimo que no podía quedármela para mi sola.

INGREDIENTES:

  • 1 Conejo (aunque también os digo que la próxima vez lo hago con pollo, los huesecitos del conejo no son lo mejor para comer de pie…)
  • 3 dientes de ajo
  • 1 cebolleta o cebolla pequeña
  • 1 tomate
  • 3 naranjas
  • 1 cucharada de azúcar moreno
  • 1 cucharada de miel
  • 1 cucharada de salsa de soja
  • 3 cucharadas de vinagre

Corta el conejo (o el pollo) para que quede en cachitos pequeños. Lo doras (la exploradora) un poquito en la sartén, cuando esté sellado lo sacáis y lo reserváis.

Corta los ajos y la cebolla bien pequeño y los pochas en la sartén. Pela el tomate y añádelo en cachitos. Cocínalo un ratito hasta que esté la cebolla transparente.

Echa la salsa de soja, el vinagre, la miel y el azúcar. Remueve.

Ahora echamos el conejo que teníamos apartado, añade el zumo de la naranja y lo tapas. Cocinar durante 20 min mas o menos.

Si os hacéis un arrocito rico y lo saboreáis con esa salsita taaaan increíble que le sale al conejo, me vais a querer. Mucho.

Y mientras os lo coméis, os escucháis esta canción:

Y ya nada puede hacer que se tuerza el día  😀

Shopalcoholic

Lo confieso, el HyM es como una droga para mi. Es que entro y esa luz tenue, la música tan molona, ¡esas cajeras tan secas que tienen! es como si todo fuera parte de un plan maquiavélico, que estuviera todo diseñado para atraparte y que nunca más veas la luz del sol.

A veces me imagino a mi misma como la loca que espera en la puerta del corte inglés el día 7 de Enero y está dispuesta a matar por ese refajo que vio hace unos días y que seguro que ahora está rebajado…

Hubo un tiempo en que me prohibí a mi misma pasar por el apartado de lencería porque ya no me cabían mas bragas en el cajón ni más pijamas super monos en el armario.
Como soy una adicta ( – Hola, me llamo María y soy adicta a comprar trapitos, – Hoooola Maríiiiia), necesité un poquito de desintoxicación.. No pasó nada porque tenía ropa para 5 o 6 años sin problema, pero ay! que ahora me quedan las cosas grandes!!

Así que esta mañana he llamado a mi madre:
– Oye mamá, que me quiero ir a dar una vuelta a las rebajas a ver que se cuece. Vente conmigo…
– Vas lista si te crees que te voy a comprar algo
– Joe mamá! que mal pensada eres, es que tengo una tarjeta regalo de 30€ y me está quemando
– Venga vale, que quiero ir al Zara Home

El Zara Home para mi madre es como el HyM para mi, no os digo más. Se vuelve muy demente entre todos los vasos y las sábanas bajeras. Para que luego digan que los genes no afectan al comportamiento…
A la hora de comer ya llevábamos 3 horas pateándonos La Gavia y ya me había invitado a un Mocca Blanco del Starbucks y me había regalado un jersey y un cacharro super mono del “gato prieto” para dejar la bayeta de la cocina (jijii)

Estas han sido mis adquisiciones de hoy (y cositas para mi chico también, que los pitillo a 15€ no los ves todos los días):

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Además he arrastrado a mi madre al Sephora. ¡¡Ay dios mio!! esa tienda es la tentación personificada. Benefit, Urban Decay, Nars… ¡¡ME SUBE LA TENSIÓN CUANDO ENTRO!!
La verdad es que ya llevaba tiempo detrás del Lollitint, pero ahora que se me había acabado el colorete, ya no iba a esperar más.

Para las que no sepáis qué es, es un tinte líquido que vale para dar color tanto a las mejillas como a los labios. Es la leche, se aplica super fácil y encima te dura toooodo el día:

https://www.benefitcosmetics.com/product/view/lollitint

Y aprovechando mi vena consumista, y que cobro la semana que viene, ha caído también el “Erase paste”, que estas ojeras no se borran solas.

Pues 50€ más pobre y con un montonazo de bolsas (vaya gustazo da eso eh?) me ido a mi casa más contenta que unas pascuas y dando saltitos como Heidi.

¿Qué cual es la moraleja de todo esto? no hay, pero me apetecía contaros los modelitos tan monos que han caído hoy y lo sonrosada que voy a estar con mi lollitint a partir de ahora.

Arroz asalchichado

Hay días que tengo que secuestrar a mi novio y quitarle de las manos el mando de la consola para que me acompañe a comprar al mercadona. Mientras que bajamos al garaje él va lloriqueando y con su síndrome de abstinencia, pero creedme que es mejor para los dos.
Es que si voy sola me vuelvo muy loquer, en serio, mi vena sana se hincha y me hace comprar kilos y kilos de verdura y algún donut de chocolate también (para compensar tanta healthylife).
Él es como el angelito que se me pone en el hombro y me grita al oído: “¡¡¡Pero es que estás loca!!! ¡¡¡Qué quieres hacer con 3 kilos de pimientos verdes!!!” o “Luego llorarás porque dices que sientes como se te pega ese donut en el culo”… es mi Ying, mi zipi, me equilibra.

Pues eso, como la semana pasada me fui yo sola a comprar tenía la nevera llena de cosas super sanas (porque el azúcar procesado ya me lo había comido) y me puse a improvisar un poquito.
Cuando pasa eso pueden pasar dos cosas: que nos pasemos la noche con un ardor espectacular, como pasó después de mi bizcocho mazacote de zanahoria integral, o que quede algo rico y que se puede repetir otro día.

Así fue como llegaron hasta mi el “Arroz asalchichado” (porque está rico, pero muy glamuroso no es…:

Ingredientes (para 2 personas)

– 1 bandeja de salchichas frescas de pollo
– 1 cebolla pequeña
– 1 pimiento verde
– 1 manojo de esparragos
– medio calabacín
– Arroz

Parte todas las verduritas pequeñas y monas, y pochalas hasta que queden a tu gusto: primero la cebolla, luego el pimiento, los espárragos y por último el calabacín.
Mientras en otra sartén, vas haciendo un arroz blanco que quite el sentido de lo rico que está.
Cuando tengas las verduras a puntito de caramelo, añades las salchichas cortadas pequeñas. Sofríes hasta que se hagan.
Cuando estén, añades el arroz y dejas que se haga un poco con todo el condumio, que así coge sabor.

Y más fácil imposible. Estaba muy rico y con fundamento. Me puse muy como “la moñoño”, pero como es sano… sin remordimiento. 🙂

Espinacas a la crema (pequeño bocado de los dioses)

Todos los días me llevo el tuper al trabajo porque aunque me dan tickets restaurante para comer fuera, los aprovecho muuuucho mejor el fin de semana. Así que me las tengo que ingeniar para meter una comida completa en una bolsita: media mañana, el almuerzo, postre y un “por si acaso me entra la ansiedad y quiero atracar la máquina de vending”.

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Al principio (novata de mi…) me hacía la comida como si me la fuera a comer en mi casa sentadita en una silla (un filete de ternera, pollo asado…), pero amig@s un detalle que no os he contado es que los de mi empresa son tan cutres que no tenemos comedor. Sólo hay un cubículo de 3 metros cuadrados en el que entran un fregadero, un armario, la máquina de vending, la de café (que es gratis: punto a favor),un microondas que cualquier día va a explotar y la nevera.

Pues ahora imaginaos un cachito de suelo con 7 personas intentando comer de pie y con el tuper en la mano: ES LA PUTA GUERRA!

Por fuerza fui perfeccionando la técnica y ya no me tengo ni que echar cuchillo a mi bolsa de la comida, todo todito me lo cocino pequeñito para que sólo tenga que usar el un cubierto (como los chinos). Y en mi viaje culinario hacia el maravilloso mundo de “para comer sólo necesito un tenedor y no perder la poca dignidad que me queda”, descubrí esta receta: Espinacas a la crema.

Ingredientes:

  • 2 dientes de ajo que picaremos finitos de Cordoba.
  • Espinacas (obvio…) congeladas previamente descongeladas y escurridas.
  • 1 cucharada de harina.
  • 4 ml de leche (yo uso desnatada)
  • Y mucho mucho amor ❤

Calentamos el aceite (yo echo como 3 cucharadas, que son para 2 personas…) y sofreimos unos 3 o 4 minutos el ajito.

Añadimos las espinacas y rehogamos para que “se ajen” unos 4 o 5 minutitos. Sal.

Echamos la cucharada de harina y movemos para que las espinacas se empapen bien.

Echamos la leche y dejamos hasta que vemos que espesa un poco la crema. Cuando estén a vuestro gusto lo quitáis y listo.


Yo a veces, cuando no estoy muy vaga, echo la mitad de la mezcla en una fuente para horno y añado dos huevos. Cubro con la otra mitad de las espinacas y lo meto hasta que se cuajen los huevos (unos 10 min)

Está buenísimo, no se tarda nada y encima es sano. A ver ¿qué más queréis? 😉

Shirataki con verduras y salsa de soja

Mirad que lo he intentado, de verdad… pero por más que lo pruebo NADA. Así que tengo que confesarlo: ODIO EL SUSHI.

Y mira que me facilitaría la vida: tiene poquísimas calorías y además puedes pedirlo para que te lo traigan a casa. Cosa muy útil en una de esas noches que estás muy costra y que no te levantas del sofá a hacer la cena ni aunque se te queme la casa.

Así que en vez de pedir “la susi”, como dice mi abuela, lo que hacemos es pedir chino que también es muy mainstream y soy super fan…¿Quién no lo es con las cantidades industriales que te echan de eso tan adictivo que es el glutamato?

Pero como no se puede comer todos los días porque se te queda en el culete, hoy os traigo un plato oriental muy rico y sano, que no está tan rico como los tallarines grasientos del chino, pero que hace el apaño: Shirataki con verduras y salsa de soja.

Los fideos shirataki los descubrí en mi época Dukan. Como en esa dieta no puedes ni oler la pasta, pues algo había que buscarse para poder quitarte el mono. Primero probé con los tallarimis, ¡que también están buenos ojo!, pero después de descubrir estos “fideos milagro” no los quería ni ver.

Parece ser que están hechos de la raíz de una planta que se llama “Konjac”, tienen poquísimas calorías (sólo 10 Kcal por 100 g) y dan el pego que te cagas. No saben a nada, en serio, sólo a lo que tu les eches para acompañar, lo que nos abre un mundo infinito de fideos de sabores xD

Tienen esta pinta:

shirataki

Yo los compro en Carrefour y vienen como en niditos en una especie de salmuera. Para prepararlos primero hay que lavarlos bien, yo los echo en el escurridor de pasta y les echo agua hasta que veo que se ha ido el olor a la salmuera. Después los puedes preparar de dos maneras, echándolos directamente en el acompañamiento o cocerlos y después añadirlos. La verdad que prefiero cocerlos porque se quedan más consistentes y más parecidos a la pasta, pero para gustos los colores.

INGREDIENTES:

la foto 1

  • 1 cebolla pequeña
  • Medio calabacín
  • 1 pimiento verde
  • Los fideos shirataki
  • Pollo hecho cachitos
  • Salsa de soja

Pochais bien la verdurita con un poco de aceite: primero la cebolla hasta que se quede transparente, luego el pimiento y por último el calabacín.

Mientras se hacen las verduras, poned agua a cocer y cuando entre en ebullición echáis los fideos y los cocéis unos 3 o 4 minutos. Escurrís.

Cuando la verdura esté a vuestro gusto, añadís el pollo y un chorrito (la cantidad según lo que os guste) de salsa de soja.

Añadís los fideos, mezcláis bien y listo!

ÑAM ÑAM!! En serio, probadlos. Dan todo el pego, están buenísimos y no engordan nada. Yo a veces pienso que son demasiado buenos para ser verdad, seguro que un día descubren que son malísimos para la artritis o que hacen que te salgan 3 cabezas… pero mientras tanto, a disfrutar!

Bon apetit.